Datos provistos por la United Nations Comtrade Database muestran que entre 2001 y 2017 los valores comercializados del litio en sus distintas formas aumentaron 14 veces. Desde 2001 y hasta 2008, el mercado se multiplicó por cuatro, creciendo a un ritmo del 30% anual, aunque con la irrupción de la crisis financiera mundial de 2008 y 2009 la demanda se deprimió. Más tarde, durante cinco años el precio se estancó, hasta que en 2015 la comercialización se triplicó y presentó un crecimiento espectacular de 45% anual.

En el joven mercado del litio participan pocos actores y ésta es una de las causas por las cuales hasta ahora no existen instrumentos financieros atados a este producto que coticen en las bolsas de valores del mundo. Así, luego de iniciar la década de 2000 con precios por debajo de los $USD 2,000 por tonelada, y normado consecuentemente por la ley de la oferta y la demanda, el valor internacional del litio aumentó a partir de la segunda mitad del decenio, en lo que se conoció como el “boom de los commodities”, lo cual desató un fuerte incremento de las inversiones en el sector.

“El incremento de la capacidad productiva del sector, como consecuencia de las inversiones mencionadas, se materializó en un contexto de estancamiento económico global, lo que provocó una sobreoferta de litio en aquellos años. Los valores del metal, en consecuencia, oscilaron en un rango acotado durante los siguientes seis años, hasta mediados de 2015, entre 4,000 y 5,000 dólares por tonelada”, describen Julio Calzada y Desiré Sigaudo, en el artículo Los precios internacionales del litio, el recurso que quiere explotar Argentina, de la Bolsa de Comercio Rosario.

Ante tales condiciones, las fichas se comenzaron a mover, y entre 2009 y 2011 Australia duplicó su producción, Chile y Argentina expandieron su actividad y China sumó mayor capacidad de procesamiento del mineral, establecen los autores.

La esclavitud de los cables

De acuerdo con el Informe preliminar de la Red de Asistencia Jurídica contra la Megaminería, el empleo del litio se había repartido hasta ese entonces de la siguiente manera: 29% se destinaba a la fabricación de baterías, 28% se ocupaba en la industria del vidrio, 18% se utilizaba para la producción de grasas lubricantes, cada uno de los rubros de aires acondicionados e industria metalúrgica consumían 4%, mientras que en medicina y aluminio demandaban ambos el mismo 3%, para elaborar polímeros se usaba un 2% y 9% se repartía en otros usos,

A inicios de la década de 2010, el mercado del metal blando se distinguía por un equilibrio entre lo que se producía y lo que se demandaba, para el cual el principal impulsor era la elaboración de baterías de ion de litio por la pujante industria de dispositivos electrónicos portátiles, cuyos fabricantes encontraron en este tipo de material una excelsa manera de ayudar a este segmento productivo a consolidar el mercado de tales equipos, y hacer más certera la promesa de agregar condiciones inmejorables a la movilidad e independencia a los usuarios, y liberarlos de la esclavitud de los cables en sus quehaceres cotidianos.

Aun así, el mercado de tecnologías y sus exigencias no representaban por sí solos el revulsivo para el desarrollo acelerado de esta área, toda vez que la cantidad de carbonato de litio equivalente que se requiere para alimentar un teléfono inteligente es de cerca de siete gramos. Lo que sí resultaba seguro era que el uso del litio podía masificarse en el sector energético como medio de almacenamiento, y con ello acrecentar los precios.

La seducción verde

En la actualidad, el panorama ha cambiado y al parecer se trocará aún más, pues el 39% de lo demandado es ya para la producción de baterías, y de cara al año 2026 se proyecta que el 70% del consumo tendrá como destino las baterías, un 15% a vidrios y cerámicos, y el 15% restante a otros destinos, como apuntó en 2017 el Ministerio de Energía y Minería de la Argentina. Los especialistas coinciden que para 2025 la tonelada del mineral se sitúe en torno a los $USD 11 mil, valor muy similar al que se tenía en julio de 2019.

“El salto en la demanda llegó de la mano del desarrollo de la industria de vehículos eléctricos, a partir de 2015 –señalan con lupa Calzada y Sigaudo. La respuesta de la oferta no fue inmediata, ya que los proyectos de extracción de litio requieren de varios años de desarrollo antes de estar operativos.”

La creciente moda de incorporar tecnologías verdes en todos los ámbitos de la actividad humana trajo una nueva perspectiva a la industria automotriz, que llevaba décadas realizando infructuosos esfuerzos para incorporar la energía eléctrica como propulsor de sus automóviles, de manera no sólo eficiente sino atractiva desde el punto de vista comercial, en particular para seducir a las nuevas generaciones, preocupadas en disminuir al máximo las fatalidad que pudiera ocasionar el calentamiento global producido por sus huellas de carbono.

Una vuelta a Insurgentes

Hacia finales del siglo pasado, la General Motors lanzó al mercado estadounidense el primer vehículo eléctrico moderno de carácter comercial. Para ese tiempo, que ahora nos parece antediluviano, el denominado EV1 no tenía más opción que utilizar baterías de ácido y plomo, cuyo peso le aportaba más de media tonelada al esfuerzo de desplazamiento del automotor, de aquí que no sin sangre, sudor y lágrimas su autonomía iba apenas más allá de un centenar de kilómetros, una sola ida y vuelta a lo largo de la avenida Insurgentes de la CdMex.

Y aunque las baterías de ion litio se desarrollaron desde la década de los 80, su aparición por el mundo había sido bastante discreta a tal grado que su despegue real se retrasó por casi dos décadas, cumpliendo la máxima de que un tiempo es el de la tecnología y otro muy distinto el del mercado.

La ligereza, reversibilidad, resistencia y alta eficiencia en el resguardo de energía de las baterías basadas en litio llamó la atención de la industria automotriz, en especial la de Martin Eberhard y Marc Tarpenning, un par de ingenieros californianos que amaban los autos eléctricos, adoraban las altas velocidades, pero detestaban la gasolina y sus efectos nocivos al ambiente.

Cuando llegó el nuevo milenio los acumuladores fueron objeto de un empujón definitivo con la incursión en la imberbe industria de autos eléctricos de Elon Musk, quien se unió a Eberhard y Tarpenning para fundar la compañía estadounidense Tesla Motors, inspirado en el prototipo creado por la empresa AC Propulsion, el cual incluía acumuladores de ion de litio para echar a andar un motor eléctrico de gran eficiencia.

Media tonelada de éxito

No fue sino 10 años después que el negocio “disrumpió” sobre cuatro ruedas y el proyecto pudo fructificar, seguramente por la fiebre de emplear tan sólo energías limpias por aquellos que aún creen que el litio es el sustituto idóneo para reemplazar el energético tradicional, como lo es el petróleo.

Tesla Model S.

En 2012, Musk y sus socios presentaron para su venta al mercado el Tesla Model S, cuya viabilidad fue comprobada por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, quien determinó que este vehículo había multiplicado por cinco la autonomía de la propuesta inicial de GM, a pesar de que el paquete de baterías pesaba también 540 kilogramos.

De hecho, se demostró que el contenido de litio presente en cada auto era el equivalente al de 10 mil teléfonos móviles, que tras realizar un sencillo cálculo aritmético, y tomando en cuenta las cifras que señalan estudios de GSMA Intelligence DATA y Ericson Mobilitu Report Data, resulta que bastaba que la naciente industria de autos eléctricos alcanzara la colocación de 600 mil vehículos en rutas y caminos, para superar la demanda del mineral por parte de los productores de teléfonos móviles en el mundo, dispositivos a los que están adscritos 5 mil 190 millones de usuarios, de acuerdo con estas fuentes.

“El grupo de inversión Goldman Sachs estima que el Model S utiliza 63 kg de litio en su batería. El mercado masivo de vehículos eléctricos está elevando la demanda del mineral en todo el mundo. A principios del 2016, Tesla presentó el Modelo Tesla 3. El nuevo modelo ha recibido 400,000 pedidos desde su presentación y pretende establecer una producción de medio millón de unidades al año”, señala León A. Martínez en su artículo ¿Para qué sirve el litio?, aparecido en septiembre de 2017, en el diario El Economista.

Elon, el insaciable.

Rebasando a la historia

Los planes originales del multimillonario Elon Musk incluían inicialmente producir medio millón de autos al año, con lo cual ciertamente absorbería una importante proporción de la producción de litio del mundo. De acuerdo con el Foro de Coches Eléctricos, si en 2009 Tesla vendió 1.000 coches, en 2019 acumulaba 650 mil unidades. “Para 2029 las expectativas es que Tesla acumule 24 millones de unidades entregadas, por lo que si restamos las cifras del periodo 2009-2023, nos indica que entre 2023 y 2029 Tesla entregará 21 millones de coches, o una media de 3.5 millones de unidades al año”.

Si las condiciones lo permiten y el ritmo de ventas se mantiene, hacia 2023 Tesla superaría las ventas que durante 2018 tuvieron Opel, Subaru y Mitsubishi, colocándose en el puesto 21 como la automotriz más grande a escala mundial; dos años después adelantaría a tres consorcios históricos como la italiana Fiat, la francesa Peugeot y la japonesa Mazda, escalando hasta el puesto número 14, justo debajo de Audi. “Para finales de la década Tesla lograría colocarse en la octava posición global de ventas, superando a marcas de enorme tradición como Renault, Suzuki y Mercedes”, sostiene el análisis del Foro.

Musk, el insaciable

Si algo ha caracterizado a Musk es su insaciable hambre por desarrollar empresas y negocios en todos los órdenes. Así, no sólo se propuso construir vehículos sino extenderse a la fabricación de baterías litio cargadas, al construir un complejo industrial que inició operaciones a la mitad de 2016. Y si no hubiera sido por la terrible pandemia, este 2020 habría podido duplicar la producción mundial actual de baterías de iones de litio, cuyo valor de mercado a escala mundial para cuando lleguemos a 2022 se calcula en $USD 46 mil millones, según el informe El mercado mundial de baterías de ion-litio: oportunidades y pronósticos 2015-2022, publicado por Allied Market Research, citado por Martínez.

El estudio destaca que el sector del automóvil crecerá a un ritmo de 11% anual durante este periodo. Austria se va a unir a la lista de países, entre los que se encuentran India, Holanda y Noruega, que están considerando la prohibición de la venta de vehículos nuevos que no sean eléctricos, apunta el artículo citado. Francia y Reino Unido, por su parte, eliminarán las unidades convencionales a partir de 2040 y también puede subrayarse el caso pionero de Dinamarca, que desde hace años concede fuertes incentivos a la compra de vehículos considerados verdes

La superestrella automotriz

Muy lejos de los reflectores occidentales que deslumbran a la superestrella de los viajes espaciales comerciales tripulados se encuentra BYD, una automotriz de origen asiático, asentada en Shenzhen, China, que en su incursión primaria en este segmento vendió 70 mil autos eléctricos tan sólo en los primeros tres trimestres de 2017, luego de que este país anunciara que en 2025 se tornará autosuficiente en materia de energías limpias y dentro de ello contempla entrar al mercado automotriz eléctrico, a través de esta compañía.

La ingeniería automotriz eléctrica china en su esplendor.

Si bien la Agencia Internacional de Energía (AIE) reportó que 2016 trajo consigo la venta de 750 mil nuevos autos eléctricos en todo el mundo, lo que nadie percibió, o al menos no se mencionó en todos los diarios y noticieros, es que China fue responsable de más del 40% de los autos eléctricos vendidos en el mundo, lo cual representa más del doble de la cantidad comercializada en la unión americana.

“Con todo, China aún es un mercado de futuro en gestación, existen `apenas´ dos millones de vehículos eléctricos que representan tan solo el 0.3% del mercado global, pero se expande sin freno”, destacan Julián Zícari, Bruno Fornillo y Martina Gamba, en el informe El mercado mundial del litio y el eje asiático. Dinámicas comerciales, industriales y tecnológicas (2001-2017).

¿Y las bicicletas negras?

Mientras: el mercado chino creció 69% entre 2015 y 2016, afirman estos especialistas, Estados Unidos lo hizo a un ritmo de 37%, y si nos referimos a Europa veremos un raquítico 7%. La AIE afirma que el stock de vehículos eléctricos oscilará entre 40 y 70 millones en 2025. 

Más allá, Bloomberg New Energy Finance asegura que en 2040 habrá 530 millones de automóviles eléctricos en todo el mundo, lo que representará un tercio de todos los automóviles existentes, cálculo que se fundamenta en el supuesto del progresivo aumento del precio de los combustibles fósiles, el descenso del precio de las baterías de litio, más los afanes de los fanáticos de las energías denominadas limpias.

De potencia contaminadora a líder automotriz eléctrico.

“Se espera que los fabricantes de automóviles chinos produzcan más de 4.5 millones de vehículos eléctricos al año en 2020, en comparación con el millón que proyecta la californiana Tesla. China está, en efecto, en el centro de la reinvención de la industria automotriz mundial, fenómeno impensable hace unos años al contemplar la clásica bicicleta negra que corría interminable por las calles de Pekín”, admite esta organización.

Potencia contaminante

Puestas las cosas en este marco, el consumo mundial de litio se triplicará en cinco años. En el sitio de El inversor energético y minero se contempla: “La expansión del negocio del litio está asegurada en el corto y mediano plazo. Al menos así lo prevé un informe de Sociedad Química y Minera (SQM), la principal productora del recurso a escala mundial”.

El reporte explica esta tendencia a partir del creciente empleo del mineral en la elaboración de las baterías que equipan a vehículos híbridos o eléctricos. De aquí que no sea extraño “la determinación del gobierno chino de lanzar un colosal plan de infraestructura de transporte ferroviario y automotriz con el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) de la mayor potencia contaminante”.

Los expertos de este sitio aseguran que las mayores necesidades de la industria automotriz aumentarán la demanda internacional. Entre 2017 y 2022 se espera un crecimiento de entre 22 y 28 por ciento, lo que implicará que el consumo se ubique entre las 150 mil y 170 mil toneladas anuales. Por ello, SQM proyecta que el uso de litio se triplicará en apenas un lustro.

Continuará…