PRIMERA DE TRES PARTES

En las escuelas de negocio estadounidenses se enseña a los alumnos a ser agresivos, implacables, a acabar con el competidor quien prácticamente tiene estatus de enemigo, sin escatimar recursos ni desestimar decisiones. Como parapeto de tales acciones, que no son precisamente leales o mínimamente éticas, ahí están los consumidores, por quienes en su nombre, “intereses” y “beneficios” en precio, oportunidad y acceso, justifican lo indeseable, lo indecible, lo infame.

Tengo amigos que se desviven por verlos, que se anotan en registros de eventos inventándose puestos de empresas inexistentes donde los gurús de la tecnología hablarán de su camino al éxito por unos cuantos minutos; no les importa que en tales encuentros tengan la oportunidad inmejorable para capacitarse en las tecnologías del nuevo poder, ni se acercan a escuchar las tediosas charlas técnicas de las decenas de spekears contratados para verter el conocimiento de más alto valor.

Los nuevos emperadores de las TI: (de izq. a der.) Jeff Bezos, Tim Cook, Mark Zuckerberg y Sundar Pichai.

No. Su interés es escuchar al milmillonario chairman of the board de la empresa en boga, de quien quieren libar cual mosquitos el ADN que los elevó a lo más alto de la palestra, de que la osmosis intelectual haga su magia y logren develar la sabiduría que conduce al triunfo empresarial, a decodificar la clave que llevó a tales mega empresarios a la cúspide tras un desarrollo tan portentoso e ingenioso como desmesurado.

Los puristas de la calle Felipe IV

A las nuevas ideas y a la innovación ahora les llaman disrupción, y hasta ya inventaron el nuevo verbo “disrumpir”, aunque en la calle Felipe IV número 4, en Madrid, España, los puristas se rasguen las vestiduras ante tamaña desfachatez.

Bill Gates fue un disruptor, dicen ahora, y en ese club desfilan ya nombres legendarios como Larry Ellison o Steve Jobs, al que sus fanáticos le dispensaron un aplauso que un día de enero de 1997, conté reloj en mano, se extendió por más de 5 minutos, ante su regreso triunfal y que inauguró su segundo debut como líder indiscutible de la empresa de la manzana.

Y qué decir de Marc Elliot Zuckerberg, que con su faz de eterno adolescente hace soñar a no menos de cientos de miles de estudiantes de ingeniería y ciencias que el triunfo es posible, incluso cuando se abandonan los estudios universitarios, como lo hizo igualmente Michael Dell, que mandó al diablo sus libros de Anatomía y los “catafixió” por una más redituable actividad que comenzó a desempeñar en el piso 27 de la torre de dormitorios de la Universidad de Texas, como fue la fabricación de computadoras, también bajo un modelo “disruptivo”, sin intermediarios entre fabricante y comprador y a quien entreviste una tarde en sus cuarteles generales de Austin, Texas.

Los mandamases de Fortune

Así, una nueva generación de genios para los negocios ha desbancado a los otrora mandamases de las portadas de la revista Fortune, entre los que se contaba a Warren Buffett, Jim Walton, Amancio Ortega, y hasta el muy nuestro Carlos Slim. Ahora la lista la encabezan Jeff Bezos (Amazon), Larry Page (Google) y Marc Zuckerberg (Facebook), que con sus grandes consorcios y sus novedosos esquemas de negocio están revolucionando la esfera empresarial terráquea.

Lo mismo ocurre con los grandes consorcios mundiales. Si hacia el año 2000 las empresas que dominaban el ranking de Fortune Global 500 eran fundamentalmente las compañías automotrices –entre ellas General Motors Corporation, Ford Motor Company, Daimler Chrysler A.G, Mitsubishi Corporation y Toyota Motor Corporation–, la petrolera Exxon Mobil Corporation y la infaltable Wal-Mart Stores Inc., que es desde hace muchos años el ajonjolí de todos estos moles, paulatinamente y sin pausa la mayoría de esas firmas han sido reemplazadas. Otras petroleras habían ascendido a los máximos escaños de esta lista en 2010, como Royal Dutch Shell, BP p.l.c. (British Petroleum), China Petrochemical Corp., China National Petroleum Corporation, mientras la reina de las tiendas se colocaba como la número uno del planeta.

El mundo cambió, y en 2019 el empuje de las empresas ligadas al comercio en línea, la navegación por la gran red y las redes sociales, había dado sus frutos y comenzaron a codearse no sólo con selecto club de las firmas milmillonarias sino entre las 50 empresas globales más ricas del mundo.

Apple, con ingresos por 265 mil millones de dólares (mmdd) en el lugar 11, es la más importante dentro del rubro de las TI; Amazon, en el lugar 13, obtuvo ese año ventas por 233 mmdd; Alphabet (Google), con 163 mmdd, ocupaba el sitio 37 del listado; Facebook, en el sitio 184, superaba ingresos por 56 mmdd en un lapso de 12 meses. Incluso una vieja conocida como Microsoft, se agenció 110 mmdd, con lo que ocupa el lugar 60 del ranking más famoso y codiciado del mundo

El rey de todo el mundo

Justamente, hablando de la llamada Empresa de la Ventanas, Bill Gates y su Estado Mayor quizá fueron los más prominentes líderes que “recurrieron a todo tipo de prácticas para allanarse mercados y tumbar a sus competidores y productos rivales, incluso algunas consideradas ilegales y antiéticas”, se apuntaba en este mismo sitio, en el artículo Crónica de cuatro décadas de voracidad y abusos.

No por casualidad, Microsoft enfrentó una escandalosa demanda en la Corte del Distrito de Columbia de Estados Unidos, en 1998. El Departamento de Justicia y 21 estados de la Unión le formularon acusaciones antimonopolio. Años antes, se había propuesto demoler el liderazgo de WordPerfect en el rubro de procesadores de textos, incorporando de fábrica su hasta entonces insulso Office en las computadoras personales de los principales constructores de PC, con gran “éxito”.

Pero no hay nada peor que creerse el rey del mundo, y más tarde cuando quiso aplicar la misma fórmula, no fue bien recibido por empresas ni consumidores obligarlos a utilizar forzosamente Internet Explorer, su navegador en Internet, dejándolos sin opciones ni elección posible. 

El buen Bill solía aceitar a los políticos.

“Jaló tanto la liga que estuvo a punto de romperla y provocar que la gran corporación se dividiera en dos, como había resuelto el juez Thomas Penfield Jackson. Cuando Microsoft salió de las catacumbas de los tribunales 13 años después a ver la luz del día, y se encontró que el mundo no era el mismo y mucho menos estaba a sus pies”, se apuntaba en tal escrito.

“Microsoft ya no domina la industria de PC como lo hacía cuando la denuncia fue presentada en 1998”, sentenció un vocero del Departamento de Justicia. “Casi todo el espectro del middleware, desde los navegadores Web hasta los reproductores multimedia y el software de mensajería instantánea, es mucho más competitivo hoy que cuando la sentencia final fue presentada. La resolución antimonopolio protegió el futuro desarrollo y distribución de las soluciones de middleware, incluyendo los dispositivos de cloud computing y móviles, y permitió que los consumidores tuvieran mayores alternativas.”

Aceitando a los políticos

Las prácticas monopólicas del gigante del software se extendieron a todos los mercados, con lo cual a su debido tiempo las autoridades antimonopolio de la Unión Europea también abrieron investigaciones contra Microsoft, para dilucidar si la empresa de Bill Gates vinculó su navegador a Windows, bloqueando a empresas rivales, de lo que derivó una cuantiosa multa de varios cientos de millones de euros.

En México entrada ya la década de 2000, IDC apuntaba que el software libre Linux representaba el sistema operativo de más rápido crecimiento y pronosticaba que hacia 2004 alcanzaría un 38% de participación del mercado, para convertirse en el principal sistema operativo en el ambiente de servidor.

“Para entonces el país se encontraba ante una disyuntiva clave: construir la plataforma e-México con las herramientas que proporcionaba el software libre o creer en las promesas mercadotécnicas del software comercial, definitivamente no desarrollado para las necesidades del país, llevándonos como consumidores y hasta como desarrolladores de aplicaciones que corrían en sus tecnologías, hacia un callejón sin salida llamado dependencia tecnológica”, anota Aquiles Cantarell, en el Tomo 5, Capítulo 4, Software. El Reino de lo intangible, Libre no es gratis, de la Historia de la Computación en México,

Vamos México, Vamos Bill.

En mayo de 2002, el analista Graham Gori del New York Times publicó un artículo titulado “México protege a Microsoft”, donde revelaba que esta compañía había realizado un intenso y exitoso trabajo de cabildeo, con lo cual había logrado el apoyo de la administración foxista y amigos incrustados en la estructura de asesores en tecnología. El analista no acertaba a entender la falta de apoyo de Fox hacia quienes desarrollaban software libre y su marcada preferencia por empresas internacionales multimillonarias.

También el tecnólogo Miguel de Icaza se acercó a Fox para proponerle que con los millones de dólares que el gobierno ahorraría con licencias y actualizaciones libres, se podría desplegar una generación de programadores para aprovechar la oportunidad única de crear una industria mexicana de software. La respuesta de Fox fue: “Gracias, pero eso es exactamente lo que estamos haciendo con Microsoft”.

“Lo que no podían saber De Icaza y mucho menos Gori –decía al artículo de viralbug.mx–, era que la negativa a tal oportunidad histórica se hallaba justamente en la otra mitad de la media naranja de Fox: la Fundación Vamos México, organización dirigida por su esposa, Martha Sahagún”.

La especialista Sara Murúa, autora del libro Asistencia privada, caridad o derecho, descubrió algunos interesantes datos y probablemente develó la misteriosa relación Microsoft-Vamos México : “Aparte de ese apoyo gubernamental –declaró Murúa al semanario Proceso–, hay que tomar en cuenta las ayudas que recibe de empresas de todo tipo: los 150 millones de pesos que le donó Teléfonos de México; los autobuses que le dio Estrella Blanca; los apoyos de Microsoft, de Televisa, de Televisión Azteca, y los aportes millonarios de muchos empresarios…”.

Muy bien, Bill, aceitar las manos de los políticos es una buena técnica para triunfar en los negocios.

Continuará…

La mentira tiene ojos azules